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Isabel Del Rio, Isabel del Río Sanz, @IsabelDlRio y @miransaya
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miércoles, 15 de febrero de 2017

"Las Bocas de la Montaña" en el Club de Lectura de La Font de Mimir

En el encuentro del Club de Lectura en La Font de Mimir de ayer, comentamos Las Bocas de la Montaña. El Señor del Viento (Ediciones Atlantis), y también charlamos con el editor de Orciny Press sobre La Casa de Arenas Movedizas de Carlton Mellick III.
Tras un debate de lo más interesante en torno a lo fantástico y lo bizarro, como cada mes, extendimos nuestra mesa de recomendaciones y votamos libro para el siguiente encuentro del Club, de cara al mes de marzo.

Aquí os dejo una entrevista que me hicieron sobre Las Bocas de la Montaña:

LA AUTORA
Isabel del Río (Barcelona, 1983). Licenciada en Filosofía por la UAB y Fitoterapeuta titulada. Escritora, lectora, correctora, coach editorial, dinamizadora cultural y Terapeuta holístico-integral. Colabora en medios como la revista Integral y podemos leer sus reseñas, artículos y entrevistas a personajes del mundo editorial en su blog personal: La Odisea del Cuentista.
Su primera novela, Casa de Títeres, fue publicada en abril de 2008 con una gran acogida. En el año 2010 con la Galera y 2012 con Otros Mundos publicó la bilogía de La Casa del Torreón, historia oscura dirigida al público juvenil-adulto. Por Sant Jordi del 2013 dirigió y publicó con Otros Mundos: 20 Relatos del Fin del Mundo. En mayo de ese mismo año llegó a las librerías 100 Cosas que hacer en Barcelona al menos una vez en la vida con las editoriales Cossetània y Lectio. En 2014, cuando esperaba su primer hijo, publicó con Otros Mundos la antología de ficción y erotismo: LoveFool. En 2015 dirigió y publicó con Otros Mundos la antología solidaria: Sueños. En 2015 y 2016, con las editoriales Columna y Kailas, vio la luz su primer thriller adulto: La Vidente de la Luna Llena. On-line encontramos sus series por entregas: Astrid y Nieve.
Ahora nos sorprende con una historia que viaja más allá de nuestro mundo, internándose allí donde residen los viejos dioses y los seres fantásticos de los que nos hablan las leyendas.

ENTREVISTA A LA AUTORA
Las Bocas de la Montaña surgió tras un viaje con tu pareja a un hostal alejado de la civilización. ¿Qué fue lo que ocurrió y qué te empujó a escribir este libro?
Hace años, tras la publicación de La Casa del Torreón, decidimos tomarnos unas pequeñas vacaciones alejados del mundo. 
Encontramos habitación en un hostal junto a un santuario y un lago, así que pensamos que sería una gran idea respirar aire fresco y pasear en plena naturaleza, pues me encanta el senderismo. Pero, en cuanto dejamos atrás el último pueblo, antes de la subida al santuario, las cosas se precipitaron por su propio peso. El primer capítulo, lo que les sucede a Nico y a su padre durante el ascenso, son nuestras impresiones y conversaciones en el coche. 
Muchas personas dicen de mí que vivo en las nubes, otros que soy muy intuitiva, pero el caso es que ambos vimos, oímos y sentimos cosas durante los días que estuvimos allí. Nuestras salidas al bosque estuvieron plagadas de sucesos extraños y, cuando cenábamos al aire libre, la niebla que subía del lago parecía querer alcanzarnos. 
Siempre llevo encima mi portátil, por lo que no pude evitar ponerme a escribir lo que estaba pasando, notas que se fueron convirtiendo en una historia, una aventura más allá de nuestra realidad, en un mundo mágico y arcano que creíamos extinto.
Nos fuimos mucho antes de lo que habíamos decidido, con la habitación pagada, pues yo había dejado de dormir y sólo escribía. Me obsesioné por completo con la historia y no pude dejarlo ni en el coche, de vuelta a casa, pues una melodía me perseguía y no paraba de cantar.
¿Cuánto tiempo te ha llevado?
En menos de un mes la tenía escrita. Un par de semanas de redacción, el resto de revisión. Como digo, parecía poseída por una historia que necesitaba sacarme de dentro.
¿Cómo ha sido la evolución de la trama y los personajes?
La trama nació durante ese viaje, pero los personajes tienen una historia mucho más larga. Algunos de ellos, como Psilo (no doy más datos por no hacer Spoilers), lo conocí años antes en Asturias, durante un viaje con mi mejor amiga y nuestras parejas. Otros, como el Señor del Viento, lleva conmigo mucho más tiempo.
¿Quién crees que disfrutará más con su lectura?
Los amantes de la fantasía y de la aventura. Lectores jóvenes y adultos, pues es una de estas novelas en que el personaje empieza siendo casi una niña y evoluciona a lo largo de la historia, descubriendo la realidad que la rodea. 
Creo que hará las delicias de los seguidores de los Estudios Ghibli (El viaje de Chihiro, Totoro y La Pincesa Mononoke), de Alicia en el País de las Maravillas y Dentro del Laberinto. No lo hice apropósito, pero más adelante, releyéndolo, descubrí los guiños a estas obras.
¿Qué te gusta más leer o escribir?
Ambos. Uno no existe sin el otro. Soy de las que cree que no se pueden escribir buenas historias sin leer. Empecé de muy pequeña inventando historias, primero de forma oral, pues no sabía leer, pero en cuanto pude, me apasioné por el teatro (Shakespeare, en especial), los relatos (Libro de Arena de Borges, por ejemplo) y el gótico (Frankenstein de Mary Shelley). Conseguía los libros de profesores, bibliotecas y ahorrando el dinero para chuches y cromos que me daban mis padres XD
Enumera tres rasgos de tu libro que crees que lo hacen especial.
Es una historia que podría suceder a aquellos que creen en la magia. Una historia que invita a ver el mundo de otra manera, a amar la naturaleza y los espíritus que viven en ella, y a temer su ira, pues somos tan pequeños al fin y al cabo.

Esta es una novela para todos los públicos, desde peques a adultos. Sólo se necesita un requisito, que guste la fantasía y la aventura.
Como todas mis historias, habla del amor, del amor a los padres, a los amigos, del descubrimiento del amor romántico… Pero también de la pérdida y cómo enfrentarse a ella, y superarla.


martes, 14 de febrero de 2017

Reseña de “Las Bocas de la Montaña” en La Veu del Roure

‹‹Una autora increíblemente imaginativa que conjuga a la perfección la habilidad narrativa con una ambientación personal e inconfundible››.
‹‹(Es) inevitable pensar en obras como El mago de OzNarnia o Alicia en el país de las maravillas, pero también en El señor de los anillos, por la riqueza de detalles y la infinidad de personajes que pueblan el imaginario de la autora››.
Reseña en:



lunes, 13 de febrero de 2017

Reseña “Más allá del viento del norte” de Geroge MacDonald



TÍTULO: Más allá del viento del norte
AUTOR: George MacDonald
TRADUCCIÓN: Joan Eloi Roca
ILUSTRACIONES: Arthur Highes
EDITORIAL: Ático de Libros

SINOPSIS
Diamante vive en el Londres victoriano junto a su familia en condiciones muy precarias. Un día, decide tapar los agujeros de la pared que hay detrás de su cama con heno para evitar que entre aire frío. Enfadado, el Viento del Norte, transformado en una hermosa dama, lo visita para reprenderlo. Pero se hacen amigos y Viento del Norte decide que el joven lo acompañe en un viaje en el que vivirán increíbles aventuras y Diamante aprenderá cosas sobre el bien, la generosidad y el destino. 
Más allá del viento de norte es una obra maestra de la literatura fantástica e infantil.

OPINIÓN
Existen temas socialmente repudiados, tabú en las casas y en la educación, palabras y conceptos a los que damos la espalda creyendo que, quizá así, ellos también acabarán por ignorarnos y pasarán de largo.
‹‹La pobreza no hace que una persona valga menos —puede que valga mucho más siendo pobre de lo que valió siendo rica—, pero la deshonestidad rápidamente hace que un hombre no valga nada (…)››.
Un tema especialmente duro es el de la muerte y, sobre todo, cuando debemos explicarlo a un niño. A mí nunca me endulzaron el zumo o la leche, y tampoco lo hicieron con el tema de la parca. Las plantas y los animales se iban, del mismo modo que nacían, con un ciclo natural, y del mismo modo sucedía con el universo humano, por mucho que la gente prefiriera no hablar de ello más que en susurros, como si estuviera prohibido.
‹‹No, no podría ser cruel aunque quisiera. No puedo hacer nada cruel, aunque muchas veces lo que hago parece cruel a aquellos que no saben de verdad lo que hago. La gente que dicen que ahogo, en realidad solo los llevo a… a… a… bueno, a más allá del viento del norte, así es como solían llamar a ese lugar hace mucho tiempo, aunque yo nunca he visto ese lugar››.
La magia y los espíritus, las leyendas y creencias de cada persona, según su religión o filosofía vital, también son materias complicadas cuando se trata de los más pequeños. Hablamos de Papá Noel, los Reyes, el Caga Tió y el Ratoncito Pérez, pero después nos da reparo hablar de qué sucede tras la muerte —o qué creemos que sucede—, rápidamente decimos “no existen los fantasmas” o “eso es sólo el viento”, para eliminar de la cabeza de los niños cualquier explicación feérica o espiritual de lo que les rodea. Hasta dónde llegan los límites, ¿dónde construimos las fronteras?
‹‹—No soy un hada —respondió la pequeña criatura.
—¿Cómo lo sabes?
—Sería más adecuado que me preguntases cómo lo puedes saber.
—Pero si me lo acabas de decir.
—Sí, pero ¿de qué sirve saber algo solo porque te lo han dicho?››.
George MacDonald es considerado el padre de la fantasía moderna. Fue mentor de Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas, y dicen que J.R.R. Tolkien, autor de El Señor de los Anillos y El Hobbit, lo consideraba un maestro. Ciertamente, encontramos en su obra alusiones a tierras mágicas que pueden recordarnos a Tolkien, y el sinsentido de los escritos de Carrol, también todos esos temas que normalmente se cogen con pinzas y se barren bajo la cama, pero tratados con un realismo mágico que hace más fácil encarar las dudas de los pequeños de la casa.
‹‹Le llamó niño pequeño, pero, en realidad, ella era apenas un mes mayor que él. Sucedía que había tenido que trabajar para ganarse el pan, y eso hace que te hagas mayor más rápido››.
En Más allá del viento del norte encontramos temas como la muerte, pero también la pobreza, el sufrimiento, el hambre, la bondad —y el egoísmo—, la soledad y la enfermedad. Conceptos reales como la vida misma que a veces se borran del “plan de estudios” para evitar sufrimientos, cuando en realidad, esa ignorancia los multiplica a la larga.
‹‹—Pero, ¿no se asustó la pequeña?
—No me vio. La mujer tampoco me habría visto, si no hubiera sido malvada.
—¡Oh! —dijo Diamante, dudando un poco.
—¿De qué te iba a servir ver cosas que no comprendes o con las que no sabes qué hacer?››.
Los niños son los protagonistas de la novela. Niños fuertes y acostumbrados al frío y al hambre, a los borrachos y a las broncas, a los ladrones y a las lágrimas, pero que estallan en risas cristalinas si se les da la oportunidad. No por ello menos niños, aunque quizá más rudos y con la cabeza más clara con las prioridades.
‹‹Siempre es algo horrible pensar que habrá alguien y no encontrar a nadie. Los niños, en particular, no están acostumbrados a ello; y lo habitual es que lloren si no encuentran a nadie, especialmente cuando se despiertan por la noche. (…) Pero a mí, personalmente, no me preocupa que alguien llore, sino por qué llora, y cómo llora››.
Eso no significa que no haya adultos. Son los adultos los que provocan el cambio en la vida de los niños, son los que les dan de comer, pero también los que les privan de pan con sus decisiones, los que les ponen situaciones delante que algunos creerían demasiado complejas, aunque al final ellos sepan desenvolverse; pues ser pequeño, no significa ser estúpido.
‹‹—Pero bueno, hijo mío, estás contando a todas las personas que conoces. Que las conozcas no hace que sean tus amigos.
—¿Ah, no? Yo pensaba que sí. Bueno, pero serán mis amigos. Yo haré que lo sean.
—¿Y cómo piensas hacerlo?
—No podrían evitarlo ni aunque desearan hacerlo. No tienen forma de evitar que yo decida ser su amigo, ¿sabes?››.
Diamante es el protagonista de esta historia dulce, melancólica y con un final que imaginamos a media novela, pero que no por ello nos choca menos cuando llega. Él es un niño pequeño, amoroso y risueño, que ha crecido rodeado de cariño y facilidades, hasta que su padre pierde el trabajo y ha de enfrentar una realidad más compleja en la ciudad.
‹‹(…) Ha habido que enseñarte lo que es el valor, puesto que no podías saber lo que era sin haberlo sentido; por lo tanto, se te mostró. Pero, ¿no sientes ganas de ser valiente por ti mismo la próxima vez?
—Sí, es verdad. Pero tener ganas no es mucho.
—Sí, sí lo es. Es muchísimo, pues es un principio. Y un principio es una de las cosas más fantásticas del mundo. Intentar ser valiente es ser valiente. El cobarde que intenta ser valiente es mejor que el hombre que es valiente por naturaleza, y nunca tuvo que intentarlo››.
La otra protagonista de la novela sería Viento del Norte, un ser feérico, espiritual y casi divino, encarnado en el viento que sopla del norte. Una dama de la que Diamante se enamora y en la que cree con devoción. Un espíritu justo, ni bueno ni malo, que hace aquello que debe, pues comprende las cosas a más gran escala que nosotros.
‹‹(…) Debes llamarme sencillamente por mi nombre, respetuosamente, ya sabes, solo Viento del Norte.
—Entonces, por favor, Viento del Norte, eres tan hermosa. Estoy listo para irme contigo.
—No debes apresurarte a seguir a todo lo que es bello, Diamante.
—Pero lo que es bello no puede ser malo. ¿Tú no eres mala, verdad, Viento del Norte?
—No, no soy mala. Pero en ocasiones las cosas bellas se vuelven mañas por sus malos actos, y hace falta cierto tiempo para que sus maldades estropeen su belleza››.
La historia tiene varios niveles de lectura. Está la vida de Diamante, su familia y amigos, y cómo esta se desarrolla, tanto en los momentos buenos y apacibles, como en los malos y crueles. Otra es la parte espiritual, que va unida a la vida de Diamante, y lógicamente la afecta, pero que parece correr entre líneas. Y la última sería la lectura filosófica y de valores, que recorren cada página.
En resumen, una lectura perfecta para niños +7 años, llena de fantasía e imaginación, con un lenguaje culto pero sencillo, con un protagonista sumamente dulce y amable, y una realidad dura pero fácil de digerir tal y como está contada. Un libro que nos ofrece un relato altamente educativo, no sólo en temas complicados, sino en valores que hoy en día parecen enterrados como un objeto de otro tiempo.
‹‹(…) cuando alguien quiere hacer lo correcto, todo a su alrededor intenta ayudarlo››.
Una noche Diamante escucha una voz que le llama en la oscuridad, es entonces cuando conoce a Viento del Norte y ésta le muestra el mundo que hay más allá de los muros y jardines que siempre ha conocido. Su amistad al principio es un juego inocente, hasta que un hombre habla a Diamante del país más allá del viento del norte, y el niño siente curiosidad por conocer ese lugar. Viento del Norte, que no puede negarle nada, pues vive para servir y además le adora, le llevará hasta allí. Diamante descubrirá un mundo perfecto y en harmonía, donde le río siempre canta una alegre melodía. Tras visitar ese mundo más allá de la vida, el niño regresará con sus padres, justo para descubrir que el mundo que conocía se ha desintegrado, e iniciar un descenso al frío, el hambre y la crudeza con un objetivo: borrar la tristeza de la vida de todos aquellos que le rodean.
‹‹Nunca olvidamos una estrella que se ha convertido en puerta››.
Recomendada a niños +7 años; a padres y madres con ganas de contar un cuento hermoso, fantástico y con mucho fondo; para educadores, cuentacuentos y psicólogos infantiles; para los amantes de la fantasía y los cuentos de hadas.

Isabel del Río
Enero 2017



domingo, 12 de febrero de 2017

“Las Bocas de la Montaña”: Lectores y Personajes

Cuando un lector se entusiasma tanto por los personajes de la novela, que busca hasta detalles que comentaste en la presentación para saber más sobre ellos. 
Sergio: Isabel, aquí tienes a tu Psilo.
Yo: Jajaja! Exacto, Sergio ;)) De ahí viene el nombre!
Sergio: Cuando vi que hablaban de la sustancia del hongo me acordé de tu jabalí.
Yo: Psilo siempre de tranquis y buen rollo ;P
Sergio: jajaja, cuando comentaste el origen del nombre me acordé de la seta, me sonaba de cuando hice biología.
Yo: En realidad todos los personajes tienen su guiño, incluso los secundarios, sólo hay que rascar un poco y lo encuentras.

viernes, 10 de febrero de 2017

Reseña de Carrera de Tortugas para juegosdemesayrol.com

FICHA TÉCNICA
Diseñador: Reiner Knizia.
Artistas: Alvin Madden, Rob McClurkan y Rolf Vogt.
Editorial: Homoludicus.
Idioma: Español.
Dependencia del idioma: Ninguna, sólo el reglamento.
Número de jugadores: De 2 a 5 (recomendable +3).
Duración de las partidas: 15 a 20 minutos.
Edad: A partir de 5 años.
Género: Familia – Grupos – Infantil/Juvenil – Competición y ocultación de identidades.
¿Qué hay en la caja?: Un tablero de juego; 5 tortuguitas de madera de 5 colores diferentes; 52 cartas; 5 fichas cuadradas de 5 colores diferentes; un libro de reglas.

¿CÓMO SE JUEGA?
El nombre del juego lo dice todo, ¡la primera tortuguita que llegue al campo de lechugas será la vencedora!
Preparación
Disponemos el tablero en el centro de la mesa, las 5 fichas se mezclan boca abajo y cada jugador toma una; la mira sin que nadie más la pueda ver y la deja boca abajo ante él. Sin mirarlas, se devuelven el resto de fichas a la caja.
Seguidamente, se mezclan las cartas y a cada jugador se le entregan 5 boca abajo. Estas cartas forman la mano inicial de cada jugador. El resto de las cartas se dejan boca abajo cerca del tablero; éstas formarán el mazo de robo. El jugador más joven empieza.
El juego continúa en el sentido de las agujas del reloj.
¡A jugar!
El jugador inicial elige una carta de su mano y la revela al resto, poniéndola en una pila de descarte. Dependiendo de la carta, se mueve una tortuga de una u otra manera.
En todas las cartas aparece la ilustración de una tortuga de uno de los 5 colores o bien multicolor, así como un símbolo, éstos hacen referencia a la tortuga que se ha de mover y cómo ha de hacerlo.
-          Simbolo “+”: Avanza una casilla a la tortuga del color de la carta.
-          Simbolo “++”: Avanza dos casillas a la tortuga del color indicado.
-          Simbolo “-“: Retrocede una casilla a la tortuga del color de la carta.
-          Simbolo  “flecha hacia arriba”: Avanzar una casilla a la última tortuga.
-          Simbolo “dos flechas hacia arriba”: Avanza dos casillas a la última tortuga.
Colores y excepciones:
-          Una tortuga que se encuentre en la casilla inicial, no puede retroceder.
-          Cuando se revela una carta de avanzar a la última tortuga, y hay más de una en última posición, el jugador elige la que prefiera mover.
-          Si la carta muestra una tortuga multicolor, como si el arco iris la hubiera poseído, el jugador mueve cualquier tortuga.
-          Si una tortuga se mueve a una ya ocupada, ésta se apila sobre las otras tortugas. No hay límite de las tortugas que se pueden apilar en una casilla.
-          Cuando una o más tortugas retroceden a la posición de inicio, siempre se colocan individualmente.
-   
       Cuando una tortuga se mueve de una pila, cualquier tortuga que estuviera encima suyo se mueve con ella, pero las tortugas de debajo se quedan en la casilla.
Al final de su turno, el jugador roba una nueva carta del mazo. Si el mazo se queda sin cartas, las ya jugadas se vuelven a mezclar para formar un mazo nuevo.
Importante: El jugador no debe descubrir su color, de hecho parte del juego consiste en farolear.
Final del juego y ganador
La carrera acaba cuando cualquier tortuguita llega a la última casilla, o más allá. En ese momento se descubrirá el color de cada jugador, y el jugador que tenga su tortuga más adelantada gana.
Si varias tortugas se encuentran apiladas al final de la partida, la que está por debajo ha cargado con las otras, y por lo tanto se considera que ha acabado por delante de las demás.

OPINIÓN
Carrera de tortugas es un buen filler familiar, en casa lo usamos como preámbulo de la sesión de vicio lúdico o entre juegos, pues es muy sencillo de explicar, rápido de preparar y  la diversión está asegurada ;P
Con una mecánica de cartas muy simple y un pequeño factor de “identidad oculta”, cual tortugas ninja, este pequeño juego se convierte en un juegazo para compartir entre pequeñajos y adultos. Por algo su autor, Knizia, es uno de los pesos pesados en el sector de los juegos de mesa.
En casa lo jugamos unas 5 personas y se producen auténticos piques cuando intentas avanzar tu tortuga sin que los demás se enteren, porque si se lo imaginan… ¡esa tortuga esta sentenciada! ¡¡Ya no avanzará jamás!! Cosas de trolls, ya sabeis.
El propio panfleto de las reglas del juego incorpora un par de variantes para darle aún más vidilla. Una para peques, sin ocultar el color, y un “modo torneo”.

Variante
Con los peques, puedes decidir jugar sin ocultar los colores. Cada uno elige la tortuga de su color favorito y coloca la ficha correspondiente ante él.
Y con adultos se puede organizar un torneo, las reglas son las siguientes:
-          Se jugarán 3 rondas.
-          La puntuación dependerá del número de jugadores, si por ejemplo son 5, la primera tortuga en llegar a meta ganará 5 puntos. Se restarán según la posición, es decir, el segundo recibiría 4 puntos, el tercero 3 puntos… y así sucesivamente.
-          Los desempates son a la inversa, y se considera en mejor posición una tortuga que se encuentre encima de otra.

Para los peques:
A Max le encanta jugar a este juego desde que era muy pequeñito. Las tortuguitas de colores llamativos y el tablero, de lo más kawaii, hacen las delicias de los niños.
Es ideal para enseñarles a respetar turnos, a distinguir los colores, así como para empezar a practicar mecánicas más complicadas para un futuro, como es la competición.
El juego es para niños de 5 años en adelante, pero la variante antes explicada se puede jugar con niños de más de 2 años. Un adulto deberá explicar el funcionamiento y acompañarlos durante la carrera, pero es un juego que pillar muy rápidamente y con el que se lo pasan pipa. ¡Ideal para fiestas!

Este juego es para ti si te gustan títulos como: Erizos a la carrera (mismo autor); Bucket Brigade (mismo autor); Camel Cup

Todos los juegos y más reseñas en:


Ivan López e Isabel del Río, papis de Max (2 ½ años)

miércoles, 8 de febrero de 2017

Primeros capítulos de "Las Bocas de la Montaña. El Señor del Viento"


La visión
                                                                                                                                             
El coche atravesaba veloz las montañas, giraba con violencia en las curvas, mientras contemplaba desde la ventanilla el espeso follaje que pasaba ante mí. Todo había sido idea de mi padre, desaparecer unos días en un hostal perdido construido junto a un monasterio. Allí tendríamos calma, él podría pintar y yo descansar. Aunque lo último que me apetecía era alejarme de nada y menos aún de mis amigos. Sólo deseaba que todo fuera igual que antes.
Ahora el vehículo aminoró la velocidad. Entrábamos en un pequeño pueblo donde apenas había tiendas, tan solo una carnicería y un colmado.
—Cuando crucemos ese letrero se habrá terminado la civilización —dijo mi padre sin separar la vista de la carretera.
Iba a quejarme por tener que ir a un lugar tan alejado cuando vi de refilón, asomándose a la ventanilla del piloto, la enorme cabeza de un león blanco. Sólo fui capaz de hacer un extraño ruido al contener el aliento, cosa que mi padre tomó como un gesto de alegría. Todo el pelo de los brazos se me había puesto de punta, como si hubiera caído un rayo demasiada cerca, y me sentía extremadamente nerviosa.
—Ya verás qué bien lo pasaremos, todas las mañanas haremos excursiones, y por las tardes podrás leer, montar a caballo, incluso tienen conexión wiffi.
Miré hacia atrás, pero no encontré rastro alguno del gran animal blanco que me había asustado, ni nada que se le pareciera. Cuando me volví, en la ladera de la montaña había montones y montones de bocas de piedra, eran como puertas cerradas cubiertas de musgo.
—¿Qué es eso? —pregunté.
—No lo sé, cerca de aquí hay una mina, quizá tenga que ver con eso.
El coche giró en una ladera y entramos en un camino de tierra. En la última casa, un zorro de piedra vigilaba la entrada entre la maleza. Me pregunté si la gran cabeza del león también había sido eso, una figura, como el perro del restaurante en el que habíamos comido. La dueña del lugar nos había explicado la curiosa historia de la figurilla que representaba a un bulldog. Nos contó que el animal de mármol ya estaba allí cuando había comprado la casa y había aguantado como un campeón todas las obras de reconstrucción, para ella era como un talismán, un guardián.
Poco después de dejar atrás la última casa, el ruido nos alerto y mi padre pudo sortear una extraña máquina que limpiaba los bordes del camino, cortaba las ramas y desbrozaba los arbustos.
La subida estaba llena de curvas y era realmente empinada. La luz se colaba entre las hojas de los árboles haciéndome confundir rocas con gatos y hojas con pájaros, me parecía ver rostros por todo el bosque.
—No me gusta este sitio, ¿por qué no podemos ir al hotel del otro pueblo?
—Esto es mucho mejor, ya lo verás. Dale una oportunidad.
En uno de los giros, los árboles cambiaron de pinos a tilos y el viento empezó a soplar, todos se movieron al unísono y algo cruzó el cielo.
—¡Un águila! —gritó mi padre.
—Yo sólo he visto una luz.
—Era un pájaro enorme, tenía que ser un águila.
Cuando llegamos al hostal me quedé sin palabras ante el gran monasterio de piedra que parecía engullido por las montañas. La ventana de mi habitación daba directamente a un lago rodeado de escarpados.
—Dúchate y descansa un rato, a las nueve te recojo y cenamos —dijo mi padre guiñándome un ojo.
Pero por mucho que sonriera yo sabía que algo le rondaba por la cabeza. Desde que había visto el águila estaba extraño, no había vuelto a hablar hasta ese momento y normalmente gustaba de visitar el lugar antes de la cena. Aún así preferí no molestarle, al fin y al cabo estábamos allí para dejar atrás la rutina y ver el mundo con otra perspectiva, o eso nos había sugerido la psicóloga del instituto.

Tras darme una ducha, cambiarme de ropa y descansar un rato tirada en la cama con el techo como única distracción, caí en la cuenta de que habían pasado de las nueve y nadie había llamado a la puerta. Observé el pasillo iluminado por lamparillas de vidrio coloreado, e intrigada porque mi padre no me hubiera pasado a recoger, pegué la oreja a la puerta de su habitación y escuché atentamente. No se oía nada. Pensé que quizá habría bajado sin mí, pero nunca había actuado de ese modo, así que golpeé la puerta un par de veces.
—¡¿Quién es?!
Respondió mi padre molesto.
—Soy yo. Ya son las nueve, no has pasado a buscarme y…
—No tengo hambre, mejor baja tú. Buenas noches hija.
Me quedé helada. Sí, habíamos ido allí a cambiar la rutina, a hacer un poco lo que nos apeteciera, pero nunca me había hablado así y aún menos me había mandado sola a un lugar nuevo.
Turbada, bajé las escaleras pensando en el extraño comportamiento de mi padre, cuando el anfitrión me ofreció amablemente que me sentara en una de las mesas acondicionadas del exterior. Acepté, pero se me había pasado el apetito. Jugaba con la comida que tenía en el plato y miraba en derredor sintiendo como si miles de ojos me observaran. En cuanto me sirvieron el postre me excusé, decidí dar un paseo y explorar por mi cuenta el hostal.
Se trataba de una casa sencilla de piedra, con tres plantas de altura. Pero lo que llamaba la atención era el santuario, una pequeña ermita que nacía de la roca de la montaña con un campanario que resurgía entre los árboles de la cima. La sensación de que alguien me observaba continuaba oprimiéndome el pecho. Escuché un ruido entre la maleza y me giré, pero allí no vi nada más que flores y hojas.
Empezaba a refrescar y me abracé a mi misma buscando calor. Subí unas escaleras de madera que llevaban a través de la montaña hasta una caseta donde debían hacer actividades de invierno, pues en aquel momento permanecía cerrada. Desde allí podía disfrutar de una vista espectacular del lago y los bosques de los alrededores.
En el hostal había tres ventanas iluminadas y en una de ellas pude ver durante unos segundos el perfil de mi padre, parecía nervioso y se movía rápido por la habitación. Furiosa, di una patada a una piedra. ¿Por qué me había dejado sola de aquel modo? ¿No se suponía que aquel viaje tenía que arreglarlo todo? Yo no quería dejar a Laura y a mis amigos, lo había hecho por él y ahora… Entonces sentí la calidez del pañuelo de mi madre en mi mano y aspiré su perfume.
—Cuidaré de él, no te preocupes —susurré.
De nuevo, aquel ruido entre los arbustos me alerto, y cuando me giré unos ojos enormes me contemplaban iluminados entre las ramas. Salí corriendo y no miré atrás, ni siquiera me detuve cuando me encontré con la mujer del hostelero. Llegué a mi habitación y cerré la puerta con pestillo.



Desaparición

Desperté con un molesto repiqueteo en la cabecera de la cama. Cuando abrí los ojos vi un pajarillo que picoteaba enérgicamente la madera y que, al reparar en mi presencia, paró en seco y emprendió el vuelo, golpeándose contra todas las paredes antes de salir por la ventana.
Me incorporé y estiré haciendo memoria de dónde me encontraba. Entonces recordé un pequeño detalle: no había dejado la ventana abierta. Más bien estaba segura de haber puesto el cerrojo durante la noche. Mientras buscaba el fallo en la manivela, me asusté al encontrar una leve huella en el cristal. Parecía la pata de un animal y estaba hecha desde fuera.
Me vestí y salí en busca de mi padre, quería marcharme de allí de inmediato. Golpeé la puerta pero no obtuve respuesta, así que bajé al restaurante imaginando que, si no había cenado, debía de estar muerto de hambre. Pero allí tampoco nadie le había visto. El dueño del lugar me vio tan preocupada que decidió acompañarme a la habitación con una copia de la llave. Una vez allí, llamamos de nuevo a la puerta, pero al no recibir respuesta procedimos a abrirla.
Lo que encontré en el dormitorio me llenó de pavor. La maleta estaba tal cual la había dejado al llegar, lo único que había tocado eran sus láminas y carboncillos. La habitación estaba literalmente empapelada por reproducciones de lo que asemejaba un águila, pero no era un ave normal, pues algunas veces tenía cabeza de hombre, otras de lobo, otras garras, otras… ¡¿Qué había estado haciendo toda la noche?! En un rincón de la habitación podíamos ver signos de forcejeo, las mismas huellas que había encontrado en mi ventana, pero esta vez junto a unas humanas, y entre todos los bocetos un hueco: faltaba uno.
El dueño del hostal palideció.
—¿Dónde está mi padre? —pregunté temblando.
—Yo no sé nada —respondió él retrocediendo.
—¿Dónde lo han llevado? —rogué a punto de romper a llorar.
El hombre me miró fijamente y torció el gesto antes de responder:
—Dejaré que te quedes aquí hasta que venga a recogerte tu familia. Gratis.

Después abandonó la habitación lo más rápido que pudo.

Primeros dos capítulos de Las Bocas de la Montaña. El Señor del Viento, de ©Isabel del Río (Ediciones Atlantis). Disponible en papel en librerías y en Amazon.