@IsabelDlRio / @miransaya
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martes, 2 de junio de 2020

Reseña / breve entrevista a Patricia Esteban Erlés


BIBLIOGRAFÍA
Manderley en venta, Páginas de Espuma
Casa de Muñecas, Páginas de Espuma
Azul Ruso, Páginas de Espuma
Las madres negras, Galaxia Gutenberg



OPINIÓN
La prosa de Patricia Esteban Erlés se traduce en un vaivén de emociones, sendero que serpentea por el bosque para internarse en casas abandonadas —no por ello deshabitadas— y viajar del presente al pasado, para aparecer de pronto en la ciudad, en un barrio que bien podría ser el nuestro, pero con vecinos que preferiríamos no conocer.
Tanto en sus relatos como en su novela —Las Madres Negras— quedan patentes sus temas recurrentes y fetiches: los niños ignorados y torturados —al tiempo que esa infancia considerada la antesala y el hervidero de lo maligno, así como los niños fantasma—, como en Dientes de León, Matando a Alodia o El juego. El amor roto, la locura y la debilidad de la psique, la obsesión y la melancolía, como en De culos y manzanas —donde también vemos el culto a la belleza—, La chica del UHF o Ada Neuman. La personificación de la muerte y de los objetos que nos rodean y acompañan en el día a día, como en Terrores nocturnos, Primer plato, Traiciones o Luz encendida. El humor negro y morboso, la ironía, que en el caso de su novela se encarna en la figura de un Dios alienado de su propia creación y hastiado de la existencia inmortal. La bondad del monstruo, en contraposición con la condena de la belleza, pero también la crueldad del desamparado o el juicio del “inocente”, como en Sesentamil —relato en el que también aprovecha para mostrarnos la abnegación femenina—. Y por supuesto, la casa con voz propia, no sólo como paredes y continente; el Ente.
Dentro de su obra encontramos relatos sueltos en distintas antologías compartidas, libros de relatos de su autoría y su única novela, Las Madres Negras.
Las Madres Negras es una serie de relatos de los personajes y las historias que conforman Santa Vela y su imaginario, ese lugar maldito y repleto de almas descarriadas y abandonadas. Un orfanato donde las hermanas torturan a sus protegidas, donde pesa el recuerdo de la locura de su anterior dueña —quién la convirtió en un laberinto terrible—, y la muerte y todo tipo de espectros y brujas se pasean a sus anchas. Donde Dios clama que lo amén, deseando olvidar su inmortalidad, y la hija de un lobo busca su destino.
Casa de Muñecas es un libro de microrelatos que nos describe esa edificación que todos guardamos celosamente en nuestro interior. En caso de Patricia, su mansión interior es una casa de muñecas, repleta de espectros y pesadillas, de muñecas que crecen, de niñas que huyen y de fantasmas que teatralizan la vida.
Azul Ruso es un volumen de relatos en que, tal como reza el título, la tristeza, la melancolía y la desesperanza pueblan el mundo y sus páginas. El relato que da nombre a la obra, por ejemplo, es un verdadero ejercicio de creatividad y romanticismo, con una oscuridad voluptuosa y felina muy interesante.
Y finalmente, mi preferido, Manderley en venta, el título que me dio a conocer a la autora, una serie de relatos que me hizo encogerme, reír, llorar y sufrir por los personajes. Culo de Manzana, por ejemplo, es un relato irónico que juega con el humor para hablarnos de la obsesión, tanto para con una persona como por una parte de nuestro cuerpo, así como del desamor y la traición.
En el Club de Lectura con Damas Oscuras, que conduzco junto a la escritora Gemma Solsona en La Font de Mimir, leímos Casa de Muñecas y tuvimos el honor de contar con la autora durante la charla. A continuación transcribo algunos de sus comentarios y respuestas a las observaciones y preguntas que hicimos como lectoras.

«En Casa de Muñecas el tema sería la mujer muñequizada, como un objeto de consumo más. (…) Cogía una foto de moda, donde aparecía una mujer así, un ente perfecto pero sin vida, y colgaba el boceto del microrelato en las redes sociales y esperaba su reacción. Cada cual daba su opinión, algunos llegaron a llamarme de todo, pero es interesante tener una zona de pruebas, siempre que tengas un criterio de criba sobre qué quieres contar.
Nunca creí en Casa de Muñecas como libro, pero hubo un momento en que la cosa fue hacia adelante porque un contacto, con el que nos leíamos y comentábamos mutuamente, leyó Las niñas novias y me envió una ilustración de cómo lo veía ella. Y así fue cuando empecé a colaborar con Sara Morante. Yo le pregunté si me querría hacer la cubierta y ella me dijo que me lo ilustraba entero. (…) Fue un proceso muy mágico, sin buscarlo. La editorial nos apoyó desde el principio. (…) Las ilustraciones de Sara son una segunda lectura del libro, su interpretación.
El libro tiene humor negro, tiene maldad y cosas negativas, pero también tiene ese punto de superación y rebeldía femenina. (…) Yo quería una versión muy femenina y crítica, una revisión de la tradición. (…) Yo soy muy de verde, pero con Sara hablamos del rosa y de ahí el magenta, como un color más punk, más de protesta.
(Sobre los niños) La melancolía de la infancia es irracional porque si nos dieran un billete para ese "Edén" La mayoría pediríamos la vuelta rápida a la edad adulta.
(En cuanto a la ambientación opresiva) Es oscura porque cuando somos felices ya estamos bastante ocupados con vivirlo como para escribir.
(¿De dónde sacas tus historias?) Muchas de las historias están basadas en vivencias, en recuerdos, pero hay cuentos inspirados en anécdotas que me contaron amigas, que lo vivieron como real pero resultaba en un cuento perfecto. Y hay cosas que sí, les ves filón, pero otras no aguantan el paso por  la cuerda floja que separa la realidad de la ficción. Suelo volver siempre a lo fantástico porque me siento más cómoda, me gusta encontrar la fractura en la realidad, sin mimetizarse, trabajo con este reto.
(El desamor y la traición) La traición es un tema interesante porque siempre he pensado que muchas cosas, por no decir la mayoría, las aprendemos en casa, y me parecía aterrador pensar que la persona con la que compartes cama, con quien deberías tener más cercanía, puede llegar a ser un total extraño en tu dormitorio, un monstruo al que temes, del que no puedes prever las reacciones.
Yo no quiero hacer que el lector se sienta cómodo, no me gusta la literatura que me hace sentir cómoda, y también quiero deshacerme de mis propios fantasmas. (…) La lucha permanente en uno mismo, que seamos capaces de lo mejor y de lo peor, y que muchas veces no gana el mal por temor a que nos descubran… El ser humano puede ser inquietante, sorpresivo, cruel, como en Matando a Alodia, con la niña que muere y revive cada día…, pero es que esto lo vemos en el mundo, no hay que ignorar porque algo sea feo, sino que hay que enfrentarse a ello.
(En cuanto a la muerte y los fantasmas) Literariamente, cruzar la puerta y estar al otro lado es de las cosas que más me interesan. Me pregunto muchas veces cómo será esa habitación.
(La creación de la casa) No escribí los relatos pensando en las habitaciones, pero las muñecas son juguetes de interior y me di cuenta de que me estaba saliendo de nuevo un libro sobre casas, con sus habitaciones. Y entonces, para distribuirla, pusimos las habitaciones que me gustaría que hubiera en esa casa.


(Sobre la feminidad) Me interesaba mostrar esas muñecas que al final, de tan vivas que parecen, cobran vida real y esas mujeres que deberían estar vivas pero, al final, de tan estáticas, se convierten en muñecas. (…) La maternidad en casa de muñecas también está tratada como una imposición, como ese sello en el pasaporte que se supone que has de tener. (…) Las hermanas también me dan mucho juego, porque la hermandad también puede ser un infierno.
En el relato y el microrelato, que es muy sintético, se busca crear un efecto en el lector y hay que cuidar mucho el lenguaje. No es sólo lo que cuentas, sino cómo lo cuentas.»

Una autora que, si no conocéis, os ánimo a que leáis, empezando por los relatos pues, según mi parecer, condensan de manera perfecta su voz y narrativa.
Recomendados a los lectores de fantasía y terror, así como de relato realista, pues tiene un poco de todo; también para los que gusten de la crítica y el feminismo. Disfrutaréis de sus juegos de palabras e imágenes sugerentes.

Isabel del Río
Mayo 2020

viernes, 23 de agosto de 2019

Arrocería recomendada - Relato erótico


Hace unos días, en un restaurante con una amiga, ya pasadas de vueltas tras una botella de vino tinto, descubrí que tenía segundo nombre y que, junto con su segundo apellido, era ideal para dar vida a un alter ego para literatura erótica.
Al salir del restaurante, don/doña Google Maps saltó con la alarma para que puntuara el restaurante y ahí ya se me fue —lo dicho, llevaba media botella de vino entre pecho y espalda. A eso que, entre risas con mi querido Hugo —de Orciny Press, editorial de género bizarro que recomiendo un montón—, escribí esta breve reseña, mezcla de realidad y ficción, firmada con el nombre de nuestra autora erótica.
Hacía tiempo que no escribía un relato erótico y me reí de lo lindo. Espero que lo disfrutéis, bon appetit!

El arroz increíble. Las torrijas, tal como asegura la carta, brutales.
Cuando se cercó preguntando qué prefería, acepté sus sugerencias. Separé sutilmente las piernas y el vestido de verano se retiró con un suave “frufrú”, dejando entrever el encaje blanco de la ropa interior. Contrariamente a lo que una esperaría, la camarera no se apartó, sino que gustó del juego y pellizco disimuladamente mi muslo, aproximándose aún más, describiéndome los platos con detalle.
Retiró la tela a un lado y acarició los labios con delicadeza, antes de sentir la humedad y dedicarse con profesional a mi clítoris. Ahora agradecía aquella mesa que en un principio me había parecido abandonada a un lado, demasiado cerca de las cocinas, junto a una columna, donde creía sería ignorada por el servicio. ¡Qué equivocada estaba!
Según sentía il crescendo, pasó de los entrantes a los arroces, y de los arroces a los postres, con dos y tres dedos en mi interior, rotando y envistiendo. Utilizando su cuerpo y la columna, disimuló mi orgasmo antes de apuntar mi pedido y susurrar: “Ahora mismo se lo traigo”.
Dejé una buena propina junto con mi teléfono.
El vino fragante, el servicio atento y dedicado. Sin duda volveré. Cinco estrellas.
R. R.

martes, 6 de marzo de 2018

Intensivo de Relato en el CC TorreLlobeta


El sábado pasado, en el taller intensivo sobre relato en el Centre Cívic Torre Llobeta Unas alumnas con las que daba gusto trabajar. ¡¡Han salido unos relatos que van directo al concurso!!






miércoles, 28 de noviembre de 2007

"Emily"

Buenas noches,
Muchos habéis sido los que, con mensajes a mi dirección (miransaya@gmail.com), me habéis pedido el microrrelato de Emily, aquel que aparece en la compilación A Contrarreloj I de la editorial Hipálage.
Así que, en respuesta, cuelgo aquí en el blog dicho relato. Espero que lo disfrutéis y que me deis vuestra opinión.
EMILY
Las viejas tablas crujían bajo los pies de Emily. Unos pasos más y habría cumplido con su objetivo.
Los niños decían que no se atrevería, pero ellos no sabían qué había que temer de aquel lugar. No sabían los oscuros secretos que ella guardaba bajo la almohada, cada noche, cada guiño, cada rincón, cada sombra. Sólo un susurro de lo que ella sabía de aquellas habitaciones y serían los demás niños los que correrían como gallinas a sus confortables hogares. Pero ella no, no diría una palabra, alargaría el brazo, tocaría la puerta, cogería la cortina, y sin mirar atrás saldría corriendo de aquel lugar.

No diría nada a nadie, Emily no era una gallina.

Por cierto, agradezco mucho vuestros mails, pero también me gustaría que dejarais vuestras críticas y preguntas en el blog, así le daríamos un poco más de vida.
Un abrazo a todos ^__^

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Sueño de Guerra

Os saludo medio dormida,
Como algunos me han comentado que les resulta complicado encontrar Sueño de Guerra en la página Mis Cuentos, cuelgo aquí el microrrelato para que podáis leerlo sin más problemas que subir al blog.
Sueño de Guerra
Salí de un edificio, pero no era mi casa. Por donde normalmente pasarían los coches era ahora un gran cementerio de latas vacías, aparcadas, una tras otra, sin conductor alguno.
Oí las alarmas de bombardeo. Una anciana salió de una tienda gritando:
¡¡Niña, huye, sal de ahí!!
Demasiado tarde. Cerré los ojos protegiéndome la cara con los brazos, instintivamente. Al abrirlos, de la mujer sólo quedaban pedazos aquí y allá, y poco más de lo que nos había rodeado. Asustada, sin entender porqué seguía yo intacta, empecé a vagar por la ciudad.
Las alarmas habían cesado. Por todas partes había humo, ruinas, cadáveres y heridos. Corrí llamando a gritos, desesperada, a quienes conocía. Finalmente, rendida, caí de rodillas.
Sufres, no quieres estar sola me susurró una voz —, pero si te ofreciera la posibilidad de salvar a alguien, ¿A quien sería?
Desconsolada rompí a llorar, tenía razón, no podía elegir.
-__- zzzz
Besos y buenas noches

miércoles, 13 de junio de 2007

La Odisea del Cuentista

Allí por un Junio de sofocante calor nació una lunática cáncer que quiso conmocionar a quienes la rodeaban.
Primero decidió no llorar, cuando el doctor palmeó su trasero no dejó salir sonido alguno de sus pequeños y finos labios. Más tarde, viendo que el silencio no era suficiente, empezó a hacerse oír, pero nadie la atendió, así que gritó, pero su orden y mando tampoco se hizo escuchar.
Un día, como por arte de magia, una nueva forma se presentó ante ella, los que la ignoraban se reunieron a su alrededor y complacida sintió que su mensaje había llegado a todos. Pero a la mañana siguiente lo habían olvidado.
Ella se preguntó cómo podía hacer permanecer la palabra y su abuelo puso un libro entre sus manos.


La locura os habla desde las letras, ¿Escucháis al cuentista? La demencia pica a los pórticos de vuestra conciencia, abridlos, no temáis, os mostrará aquello que, invisible, os acuna, lo que sólo una pequeña chiflada puede percibir.