El amor que destilan estás páginas, la admiración hacia una figura poco reconocida por su época, pero hermosa como una rara flor, es digno de la preciosa edición e ilustraciones que la aconpañan.
Violet, una giganta, una dama que blandía el humor como arma y que, en lugar de habitación, contó con un cotagge propio, en que el Virginia descansó hasta recuperarse en uno de sus episodios.
Tres cuentos sencillos pero cargados de aprecio e imágenes que retratan una sociedad y a unas mujeres invisibles para muchos.



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