@IsabelDlRio / @miransaya
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martes, 10 de enero de 2017

Concurso: 10 años de escritura

Este 2017 hace 10 años desde que publiqué mi primer libro: Casa de Títeres. Historia que vio su segunda edición antes de que la editorial desapareciera, por lo que el libro quedó descatalogado. 

La odisea de Anna resurgió en LoveFool —antología de relatos de fantasía, terror y erótica— por petición de los lectores, que no encontraban el libro por ningún lado. Pero un día, haciendo limpieza en casa de mis padres, encontré unos cuantos ejemplares... 
Para celebrar esta fecha tan especial sorteo 3 ejemplares de la Casa de Títeres original entre aquellos que sepan responder a estas preguntas, todas relacionadas con mis novelas e historias online:

1.       ¿Cuál es el nombre de la persona que revela la verdad a Anna? (Casa de Títeres)
2.      ¿Qué lleva siempre Marina alrededor de la muñeca? (La Casa del Torreón)
3.      ¿Quién es la compañera de Marina en la segunda parte de La Casa del Torreón? (La Casa del Torreón II. El Despertar de las Sombras)
4.      ¿Qué es lo que atormenta a Astrid? (Astrid – online)
5.      ¿Quién nos visita con la nieve? (Nieve - online)
6.      ¿Cuál es la tercera carta que encuentra Laia y dónde? (La Vidente de la Luna Llena)
7.      ¿Cuál es el nombre de la protagonista del relato 'Yo soñé con el fin del mundo'? (20 Relatos del Fin del Mundo)
8.     ¿A qué autor está dedicado el relato 'Cómo matar un sueño'? (Sueños)
9.      De 100 Cosas que hacer en Barcelona al menos una vez en la vida, ¿cuál es tu preferida? 
10.  ¿Quién ayuda a Nico cuando no encuentra a su padre? (Las Bocas de la Montaña. El Señor del Viento)

¡Espero vuestras respuestas*! Tenéis hasta el 23 de Abril, día de la publicación de Casa de Títeres.


*Las respuestas se enviarán a miransaya@gmail.com con Asunto: Concurso 10 años. Se aceptarán respuestas hasta el mismo 23 de abril a las 00h. En el cuerpo del mail se responderá a las preguntas del concurso y, en un documento adjunto, se añadirán los datos de contacto del concursante. En caso de haber más de 3 concursantes con todas las respuestas correctas, se escogerán las más originales dentro de la pregunta 9; en tal caso el jurado será de 3 personas, contando con la misma autora de las obras.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

FanBlog Sueños entre las Sombras Bajo Cero

"Con la llegada del frío, el bajón de temperaturas y en algunos lugares: los primeros copos de nieve, he pensado que no había una mejor ocasión que esta para conocer, capítulo a capítulo, la historia de NIEVE de ISABEL DEL RÍO SANZ".
Cada miércoles una nueva entrega:
Y

domingo, 10 de febrero de 2013

Nieve 22. Fría culpabilidad



Si me detenía un segundo y los observaba atentamente parecía como si no ocurriera nada más allá de la mesa del salón. Tara se sentía mucho mejor y Lars había calentado algunos víveres. Después de servir unas tazas de café y un cuenco de leche con miel para la pequeña, Max sacó un libro de su mochila y empezó a leer con una voz calmada y suave que resultaba hipnótica para todos los que ocupábamos la habitación.
“Recogí esta brizna en la nieve.
Recuerda aquel otoño,
en breve
no nos veremos más.
Yo muero.
Olor del tiempo brizna leve,
recuerda siempre que te espero”*
La cadencia oscilante de la lectura de Max tenía el mismo efecto en Tara y Lars que en mí. Sentía cómo me pesaban los párpados y cada músculo de mi cuerpo se relajaba lentamente. Antes de dejarme ir, eché un vistazo a mis compañeros: la pequeña respiraba pesadamente con la cabeza apoyada sobre los brazos; el hombre que decía ser mi guardián permanecía inmóvil y erguido, pero su respiración era tan pausada que sabía que estaba dormido; y nuestro flautista sonreía, bailando sus labios con cada palabra.
Y me permití descansar.

Olfateé el aire frío y puro. Un aroma que me hacía salivar llegó hasta mí, traído por el viento. Una presa herida y suculenta. Aullé. Llamé a mis hermanos y padres.
Mis garras se hundían en la nieve y la potencia de mis cuartos traseros me permitía alzarme y correr; sentirme invencible. A unos metros descubrí un cuerpo.
Se me erizó el pelo y enseñé los colmillos en señal de peligro, deseando que no se levantara, que no se acercara a mí.
Los míos llegaron poco después y todos tuvieron la misma reacción. Todos excepto padre. Su imponente figura avanzó con seguridad hasta el cuerpo y empujó la silueta grácil y pálida hasta darle la vuelta. Sus cabellos negros se desparramaron por la nieve como sangre caliente y su rostro se iluminó con un gesto de incredulidad.
—¿Dónde está? —preguntó la mujer—. Vosotros le salvasteis la vida y él nos da caza.
Mis hermanos gruñeron ante las palabras que sonaban a amenaza, pero padre hizo un gesto de cabeza y todos callaron.
La humana alzó la mano manchada del rojo que pintaba su interior y ahora también su vestido, y padre acercó su hocico hasta ella. Mantuvieron aquella posición varios minutos. Después ella miró al cielo, respiró profundamente y murió.
El aullido de padre desgarró el aire y todos supimos qué debíamos hacer. Nos abalanzamos sobre el cuerpo y nos alimentamos sin saber que ese sería el pago por nuestra bondad pasada, la pérdida de nuestra inocencia.

Desperté acurrucada sobre un cojín que antes del cambio utilizaba para sentarme en el suelo y ver la televisión.
Estudié la habitación. Max seguía leyendo, aunque ahora en silencio, a un lado de la mesa. Tara dormía profundamente y Lars había desaparecido de mi campo de visión.
—¿Dónde ha ido? —pregunté sintiéndome espoleada. Algo en mi interior me decía que nada bueno vaticinaba su desaparición.
Max miró en derredor.
—¿Te refieres a Lars? Me ha pedido que te dejara descansar y ha dicho que él mismo iría a ver si encontraba a Joel.
La rabia y el miedo se apoderaron de mí al mismo tiempo, haciéndome vibrar con tal violencia que estallaron los cristales del salón. Salté por la ventana y busqué algún rastro que me indicara dónde estaba Lars. Seguí las leves pistas que había ido dejando en su recorrido, pero me detuve ante una mancha roja en la nieve.
Era su olor. Su sangre.
Apreté los puños y me clavé las uñas en las palmas de las manos. Les había fallado. 



*Guillaume Apollinaire


lunes, 4 de febrero de 2013

Nieve 21. Gritos de cristal



Su voz al principio me llegó amortiguada por la somnolencia que me había causado la imagen del libro, pero pronto los gritos de Tara se tornaron más estridentes, hasta que sentí vibrar mis pensamientos. Algo que me enfureció.
No me dio tiempo a recapacitar. Seguramente, si lo hubiera hecho, no habría tomado una decisión tan estúpida y egoísta, pero ante el sonido que perforaba mis oídos, aquella parte de mí que sentía continuamente hambre y asco de los débiles seres que me rodeaban, dio dos brincos y se presentó ante la horrorizada niña que retrocedió cayendo de culo al frío suelo.
Mi mano, durante un momento ajena a mí,  alzó a Tara por el cuello. La observé: su rostro amoratándose por la falta de oxígeno y por la congelación que transmitían mis dedos. Sentí la presencia de Lars, aproximándose con celeridad. Apreté los dedos alrededor de aquel débil cuello y sonreí imaginando cómo de tierna era su carne.
Supongo que él debía llevar un rato ahí, llamándome, aunque hasta ese momento había sido incapaz de oírle.
—Detente. No eres una bestia, puedes vencer la sed.
Max subió los últimos peldaños hasta donde yo me encontraba, hablaba casi en susurros, con una voz melodiosa y calmante. En la puerta, los rasgos de Lars se habían transformado en las azuladas y violentas líneas del Rak-Sak. Nunguno de los dos se movía.
 —Bethannie, déjala ir, por favor —dijo Max.
Me centré en mis dedos de un blanco casi resplandeciente, como la nieve bajo el sol, y después en el rostro de Tara, azulado y aterrorizado. La posé suavemente en el suelo y me retiré, al tiempo que Lars, de nuevo con su aspecto humano, se arrodillaba en el suelo para tomar entre sus brazos el cuerpecito de la niña.
—Ella sólo quería saber si Joel estaba contigo —gruñó Lars atravesándome con una mirada cargada de resentimiento por lo que acababa de hacer.
Pero el odio de Lars a penas me afectaba, al igual que la tos contenida de Tara, que trataba de tragar saliva y respirar. Sólo el nombre de Joel logró hacerme responder y volver en mí.
—¿No estaba con vosotros? —pregunté frotándome los ojos, despertando de un sueño que no deseaba analizar.
—Desapareció hace una hora, pensábamos que había salido en tu busca —respondió Lars. Protegió a la niña entre sus brazos y esperó a que ésta se calmara y dejara de temblar.
—No hemos visto a ningún niño —dijo Max rompiendo el silencio que se había creado entre nosotros.
—¡¿Y tú quién eres?! Beth, ¿cómo has podido traer a alguien? ¡Es peligroso! —rugió Lars.
—Sólo es un humano —escupí—, incluso tú eres más fuerte que él. No hay peligro.
De un salto bajé a por el carro y lo subí a hombros hasta el piso.
—Caliéntale algo a la niña, le sentará bien. También hay ropa. Yo voy a buscar a Joel —dije girando sobre mis talones y volviendo por donde había venido.
—Voy contigo —dijo Max.
—Iré más rápida si no he de proteger a nadie.
Los ojos de Max parecían implorarme que lo llevara conmigo. Parecía preferir el peligro a alejarse de mí, algo que no podía entender después de lo que había presenciado.
—No irás a ningún lado —atajó Lars rompiendo el juego de miradas que se había creado entre nosotros—. Necesito que te quedes aquí, te serenes y restablezcas la burbuja. Después yo mismo saldré contigo y lo encontraremos.
Negué con la cabeza. No creía razonable lo que estaba diciendo. ¿Dejar a Tara y a Max solos con la única protección de una burbuja? Quizá el frío no les afectaría, pero ¿y los ojos helados que nos observaban desde la planta de acceso al edificio, atravesándolo todo, sintiendo su calor…? Ese ya era otro tema.
—Me da igual lo que creas Beth, no eres tan poderosa como te crees y aún has de aprender mucho —aclaró Lars.
Nuestros ojos se encontraron y pude sentirlo: él tenía razón. Yo podía ser más fuerte y poderosa, pero él sabía muy bien cómo acabar conmigo si era necesario.
—Está bien. Pero sólo una hora, lo justo para restablecer la protección. Después saldremos en busca de Joel.
Todos entramos al piso y yo cerré la puerta tras de mí, escuchando muy lejos, en un pasado que no me pertenecía, la voz anciana de una Dama que me aseguraba que nunca más daríamos con él; al menos no como le habíamos conocido hasta el momento.