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martes, 21 de abril de 2015

Reseña de "El lector del tren de las 6.27" de Jean-Paul Didierlaurent

TÍTULO: El lector del tren de las 6.27
AUTOR: Jean-Paul Didierlaurent
EDITORIAL: Seix Barral

SINOPSIS

Guibrando Viñol no es ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco. Su trabajo consiste en destruir lo que más ama: es el encargado de supervisar la Cosa, la abominable máquina que tritura los libros que ya nadie quiere leer. Al final de la jornada, Guibrando saca de la entrañas del monstruo las pocas páginas que han sobrevivido a la carnicería. Cada mañana, en el tren de las 6.27, se dedica a leerlas en voz alta para deleite de los pasajeros habituales. Un día descubre por casualidad una pieza de literatura atípica que le cambiará la vida.
La amistad une a un grupo de personajes aparentemente anodinos, probables compañeros invisibles de nuestros viajes cotidianos en tren, que esconden mundos extraordinarios donde todo es posible: un vigilante de seguridad que habla en verso, una princesa cuyo palacio es un aseo público, un mutilado que busca sus piernas. En una mezcla insólita de humor negro y dulzura, celebramos con ellos el triunfo de los incomprendidos. 

OPINIÓN
                   
Esta vez ha caído en mis manos una lectura ligera y ágil, de esas que al final te arrancan de la monotonía y te devuelven la sonrisa.
Estoy hablando de "El lector del tren de las 6.27" de Jean-Paul Didierlaurent, que con una voz que puede recordarnos a la cotidianidad delirante de "Amelie", nos narra una historia común, casi anodina, de un personaje sencillo y gris, si no fuera por las páginas rescatadas de esos mismos volúmenes que han sido devorados durante el día ante sus ojos.
Una novela llena de encanto y relatos de vida creíbles, realistas y a la vez fantásticos. Guardianes de alejandrinos, buscadores de piernas de tinta, gordos tiranos, peces inmortales, escritoras de lavabo, yonkis de los buñuelos... Todos ellos, rostros y vidas que conforman la historia de Guibrando Viñol, "individuo de nombre gilipollesco", como él mismo afirma.
Tras una historia tan sencilla como la de un hombre que cada día ha de tomar el tren para ir y volver de un trabajo que odia a una casa donde sólo le espera un pez rojo, se esconde toda una amalgama de poesía y sentimiento, de verdades tan grandes como puños y de soledades compartidas con las letras.
Porque Gibrando no es tan común como él cree, porque cada día sacia almas hambrientas mientras lee algunos fragmentos durante su trayecto matutino, y porque un día encontró un pendrive que le abrió las puertas al amor.
No voy a continuar porque es realmente cortito y no quiero estropear la lectura a nadie (tan sólo son 195 páginas) pero sí hay dos detalles que me gustaría resaltar: los "tialogismos" ("Tialogismo num. 8: Si una sonrisa no cuesta nada, devuelva todas las que pueda"); y la carta que acompaña las flores de Julie.
Un libro recomendado a todos aquellos que deseen leer algo diferente y tengan ganas de sonreír ante lo absurdo de la realidad.

Isabel del Río

Abril 2015

3 comentarios:

maria del mar dijo...

Encantada y sorprendida con el libro. Por fin algo nuevo que te deja muy buen sabor y una pizca de esperanza

Cristina Puigbert dijo...

Qué buena pinta... igual para este Sant Jordi cae :)

Mânes dijo...

Ha sido uno de mis regalos de Sant Jordi ;P